Una vez siendo niña escuché que la vida da muchas vueltas, demasiadas decía alguien. Yo, no llegué a comprender la magnitud de esa frase, su sentido, su veracidad y lo que algunas veces implica, hasta hace algunos años atrás.
Hay veces que te sientes una mierda y quieres que todo acabe. Hay otras que la vida te sonríe y quieres que sea así para toda la eternidad, pero nunca, y repito, nunca somos conscientes de lo rápido que cambia todo y de que en realidad, NADA ES PARA SIEMPRE.
Ni el dolor y el sufrimiento, ni la felicidad absoluta.
Es entonces cuando descubres toda la verdad que ocultaba esa frase que una vez escuchaste y que no alcanzaste a comprender en toda su plenitud.
La vida está llena de fases, de etapas. Unas pasan sin pena ni gloria y cuando te has dado cuenta, ya han pasado de largo. Otras sin embargo están ahí. Tienen mucho más peso del que esperamos y simplemente pensando en ellas, nos entra vértigo. Yo ahora mismo me encuentro de lleno en una de esas etapas de vértigo. La vuelta a casa, el futuro incierto, acabar la carrera, los "amigos" y los amigos, la pareja (o mejor dicho la NO-pareja), las comeduras de cabeza...
Son demasiadas cosas, todas con su relativa importancia y yo.... sola ante un futuro incierto que sé que llegará, y me sorprenderá, y quizá cambie mis esquemas... y espero que lo haga. Porque si soy sincera, ahora mismo, no tengo ganas de nada.
Voy a tratar de aprovechar el momento, voy a tratar de regalarle una sonrisa a mi mundo y espero que él me devuelva de nuevo esa sonrisa. Voy a cerrarme en banda con aquellas personas o hechos que me hacen estar triste y voy a centrarme en los que me sacan una sonrisa. Voy a tratar de ser positiva, a ver si el mundo vuelve a cambiar de rumbo, y me toca otra etapa feliz. Sé que no durará para siempre, sé que será pasajera, pero por lo menos intentaré sacar algo bueno de ella. Porque eso sí, todas las etapas, sean buenas o malas, nos enseñan algo.
sábado, 5 de julio de 2008
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